1.
Análisis argumentativo
La evaluación anual de desempeño laboral del
docente y del directivo docente es un proceso permanente que permite verificar
el quehacer profesional de los educadores identificando fortalezas y aspectos
de mejoramiento; para esto, se acude a la valoración de sus competencias
funcionales y comportamentales. Esta evaluación constituye una herramienta
invaluable para el mejoramiento, a partir de la cual los docentes y directivos
docentes, los establecimientos educativos, las entidades territoriales y el
país podrán trazar estrategias que conduzcan a la adquisición y el desarrollo
efectivo de las competencias que requieren nuestros maestros para que los
estudiantes del país accedan a una educación de mayor calidad. Si el fin de la
enseñanza es lograr el aprendizaje de los alumnos y alcanzar las metas
establecidas de la enseñanza (Cross, 1993, como se citó en Huba &
Freed, 2000; Echeverría, 2011; Hativa, 2000), entonces la evaluación del
docente debería valorar si las acciones del maestro contribuyen o no a obtener
tal propósito.
Son objeto de evaluación de desempeño laboral
los docentes y directivos docentes que ingresaron al servicio educativo
estatal, según lo establecido en el Decreto 3782 de 2007; superaron la
evaluación de periodo de prueba; han sido nombrados en propiedad y llevan
mínimo tres (3) meses, continuos o discontinuos, laborando en un
establecimiento educativo. Para este proceso se evalúan las competencias
funcionales y comportamentales de los docentes y los directivos docentes. Las
funcionales, que tienen un valor del 70% sobre el resultado total de la
evaluación, se refieren al desempeño de responsabilidades específicas. Las
comportamentales, que constituyen el 30% de la evaluación, implican las
actitudes, los valores, los intereses y las motivaciones con que los educadores
cumplen sus funciones.
A la hora de evaluar la actividad docente, se
prestará atención tanto a la competencia del profesional (su
formación en la materia que imparte y las herramientas pedagógicas que pone en
práctica) como a su labor efectiva en el aula (la planificación de
las unidades, los recursos y metodologías que pone en práctica, cómo evalúa y
da seguimiento a sus alumnos, etc). El proceso de evaluación muestra
el compromiso con su alumnado y la comunidad educativa. El diseño de
herramientas de evaluación a la altura del desafío que supone la actividad
docente y la capacidad de dar respuesta a aquellas dificultades que puedan
surgir, marcarán la diferencia en la calidad que un centro educativo ofrece a
su alumnado.
La formación continua y complementaria de los
docentes es básica. Además de la experiencia que se adquiere con los
años, permiten a los profesionales del sector educativo adquirir las
competencias necesarias para planificar, impulsar y evaluar medidas que
mejoren la educación en sus diferentes áreas y funciones.
Consideramos que la finalidad de la evaluación docente debe ser la mejora de la
enseñanza y no solo juzgar al maestro; por ello, la propuesta presentada
integra los resultados que la investigación educativa ha encontrado que inciden
favorablemente en el aprendizaje de los estudiantes (Hativa, 2000; Hattie,
2009, 2012 y Schmelkes, 2014), así como las sugerencias desprendidas del
estudio de las buenas prácticas de enseñanza (Bain, 2004, Carlos- Guzmán, 2006,
2014). Está dirigida sobre todo a los profesores de diferentes niveles
educativos interesados en enseñar de mejor manera e, igualmente, para los
estudiosos y responsables de diseñar y aplicar programas de evaluación docente.
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