Conclusiones
A
pesar de que la constitución política de 1991 en su artículo 68 establece que
la cualificación docente estará garantizada por el estado y velará porque los
procesos de formación de los educadores garanticen el derecho fundamental a la
educación con calidad, en la actualidad las mismas normativas se olvidan de
aspectos vitales como el trabajo digno, bien remunerado y estable.
Los procesos de evaluación diagnóstico-formativa promueven la formación,
la actualización y la evaluación de desempeño como un proceso que permita
innovar y transformar las maneras de resignificar la profesión docente en
nuestro país. Esta no debe ser contemplada únicamente con fines sancionatorios
o punitivos que impidan ascensos o crecimiento profesional. Las acciones deben
estar acompañadas de la cualificación y la formación permanente.
La evaluación del periodo de prueba debe contemplar más variables que
las establecidas por estándar ya que las condiciones socio-económicas, de
accesibilidad, de limitación de recursos y de violencia pueden entorpecer
el quehacer docente. Adicionalmente, el docente no debe ser aquel que dé
solución a los problemas estructurales de la educación como la falta de
recursos tecnológicos y didácticos, los cuales pertenecen a las autoridades
locales y nacionales.
La
labor docente y su evaluación deben ir acompañadas del apoyo de todas las
entidades gubernamentales para que el docente pueda actualizar su conocimiento
de manera constante y se le debe garantizar su trabajo, salario y condiciones
apropiadas que no interfieran en su enseñanza ni en el aprendizaje de sus
estudiantes.
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